miércoles, 3 de agosto de 2016

Madrid y sus novilladas...

El problema de las novilladas en Madrid es morrocotudo. Y no será porque no se han barruntado multitud de teorías durante estos días para explicar qué es lo que está pasando en Las Ventas con estos espectáculos. Lo fácil siempre es culpar al novillo que sale, pero detrás de esa sencilla e injusta explicación hay mucho más. Si vamos tirando del hilo y aplicamos la lógica, no es muy difícil llegar a la raíz del problema. O mejor dicho a las raíces, porque a mi entender son dos...

La primera raíz apunta directamente a los políticos. Hay quien prefiere hablar del “sistema”, pero yo no creo en eso. Yo hablo directamente de los políticos de turno. A una novillada no se le puede poner el 21% de I.V.A ni imponer los enormes gastos que conlleva el montarla. Una novillada además debería ser un espectáculo amateur y por tanto permitirles a los novilleros reducir costes en cuanto a cuadrillas. Con dos banderilleros y un picador sería suficiente. Consecuencia: las novilladas son deficitarias, luego cada vez hay menos empresarios que las organizan. Por tanto, al no haber casi novilladas los novilleros no están tan preparados como hace años. En esas circunstancias van a Madrid y pasa lo que pasa. Se juegan todo a una tarde, salen muy tensionados y encima se les exige como si fueran figuras del toreo. Resultado: o se estrellan o van a la Enfermería. Los casos raros en los que cortan alguna oreja suele ser más por paisanaje que por otra cosa. Actuaciones rotundas para que el chaval pueda salir lanzado de Madrid, ninguna. A las pruebas me remito. Antes un novillero se rodaba por los pueblos y luego iba a Madrid a pegar el zambombazo y ponerse en figura de cara a una muy cercana alternativa. Ahora es al contrario. El mundo al revés. Lamentablemente no queda otra opción.

La segunda raíz apunta directamente al novillo de Madrid. Pero no al animal en sí. Ni siquiera al que lo lleva. La raíz del problema es el sector de la afición de Madrid que exige ese novillo. Ya sabes: burro grande ande o no ande. Mucha caja y pitones que no falten. Puedo asegurar que los novillos más bastos y peor hechos que he visto en mi vida ha sido en Madrid. Claro, allí no se puede llevar una novillada bonita porque los justicieros de siempre pondrían el grito en el cielo. Mal. Muy mal. Y mal la empresa y el equipo veterinario por plegarse a unas exigencias tan brutales para con los chavales. Nunca un público de una plaza de toros ha infundido tanto miedo en los que manejan el cotarro. Así pasa. Eso sí, luego sale una corrida horrible de hechuras de un encaste de los que ellos idolatran ahí nadie dice ni pío. El mundo al revés de nuevo. Y es que el agrandamiento del toro de Madrid desde mediados de los años setenta a esta parte no parece conocer límites.

Por suerte, estos dos últimos domingos han salido dos novilladas más aptas en hechuras que entre todas las que llevamos este verano. Pero para ello han tenido que caer heridos hasta once novilleros, alguno de los cuales de extrema gravedad. Es absurdo que haya que rozar la tragedia tarde tras tarde para que nos demos cuenta de que este no es el camino. Tampoco hablo de cuidar en exceso a los novilleros. Esta es una profesión dura y cualquier animal que salga por toriles te puede matar. Eso lo tienen claro y asumido todos aquellos que se ponen delante tarde tras tarde. Yo de lo que hablo es de tener sentido común, que por otra parte es el menos común de los sentidos.

Cuidemos la cantera. Son el futuro de la Fiesta. Si nos los cargamos, si los desilusionamos, esto tiene los días contados. La Fiesta se acabará cuando no quede un sólo hombre que sea capaz de ponerse delante de un animal bravo. Mientras tanto nadie podrá con nosotros. Aún así no nos tiremos piedras contra nuestro propio tejado. Exijamos lo justo y necesario dependiendo quién esté delante y con qué. No nos volvamos locos porque a este paso ni el más chalao de los chavales querrá ser torero. Y eso que para serlo ya hay que estarlo bastante

miércoles, 20 de julio de 2016

El valor de los muertos...

Te prometo que tenía pensado escribir sobre otra cosa. No he podido. Mis dedos han viajado sin querer desde el teclado a Teruel. Mi mente se ha posado sobre el alma aún cercana de Víctor Barrio y las palabras que han brotado me han vuelto a llevar a la tragedia del pasado 9 de julio. Sé que ya hace días que todo pasó. Sé que ya hablé de ello. Pero las cenizas de Víctor están aún calientes y no he podido, te lo prometo de nuevo, hablar de otra cosa.

Desde que se produjo la tragedia de Teruel he intentado ver algún resquicio de optimismo en todo ello. Algunos seguro que pensáis que estoy completamente loco. Tenéis razón: lo estoy. Pero la vida me ha enseñado a ver el lado positivo de todas las cosas que suceden a mi alrededor. Hasta de las peores. Y creerme que se puede. La terrible muerte de Víctor Barrio también ha tenido su parte positiva. No me tachéis todavía de ogro. Dejarme al menos que me explique.

A principios de los años ochenta hubo una corriente de pensamiento entre la prensa especializada y cierto sector de la afición por la cual se despojó de todo mérito a lo que hacían los toreros en la plaza. Se empezó a decir que el toreo era una profesión sin riesgo alguno, que nunca pasaba nada, que la técnica de los toreros les permitía salir indemnes de todas las corridas por complicado y peligroso que saliera el ganado, etc. Vamos, que ser torero era poco menos que ser un mentiroso con buen sueldo. Y en estas que en los años 1984 y 1985 llegaron las muertes seguidas de Francisco Rivera “Paquirri” y José Cubero “Yiyo” respectivamente. A partir de ese momento cambiaron radicalmente las opiniones en torno a la labor de los toreros. De repente ya no era una profesión banal, sino algo en donde un hombre se jugaba la vida de verdad. Hasta tal punto que podía llegar a perderla. En el caso de Víctor Barrio ha pasado algo parecido. Víctor ha vuelto a poner en valor a los toreros. Víctor ha hecho que todo el mundo recapacite y se de cuenta de que los toreros son los únicos héroes que existen en este denostado y carente de valores siglo XXI. Sí, he dicho bien: héroes. Su muerte por tanto no ha sido en vano. Su muerte ha tenido un valor extrahumano.

Pero no sólo he extraído esa lectura positiva de la muerte de Víctor Barrio. He concluido en otra, la cual me ha permitido conocer hasta dónde puede llegar el ser humano tanto en el aspecto positivo como en el negativo. Cientos, miles de personas nos hemos quedado rotos de dolor con la muerte de Víctor. Cientos, miles de personas hemos vertido a las redes sociales mensajes alabando al torero muerto y apoyando a sus familiares en estos duros momentos. Pero también ha habido personas que lamentablemente se han alegrado de su muerte y han proferido auténticas vejaciones contra su persona y, además, contra una familia destrozada por la tragedia. Personas estas que se han retratado y que han dejado constancia de que la sociedad puede llegar hasta donde nunca podríamos haber imaginado. Gente que antepone la vida humana a la animal, que valora más ésta que la otra y que se amparan en un supuesto animalismo. Aunque más que animalistas yo diría que son auténticos animales a secas por la sinrazón de sus actos. Creo sinceramente que este tipo de seres que abrazan esa ideología deberían cambiarse el apelativo. Y es que les pega mucho más eso de animales. Pensarás que aquí no hay nada positivo. Te equivocas. Saber que hay personas capaces de semejantes actos es una lección muy valiosa, aunque sólo sea para tener cuidado de con quién te juegas los cuartos. O quizás para saber que en el mundo hay más personas buenas que malas. Ahora ya eres tú el que puede elegir una lección u otra. O las dos.

Al día siguiente de la tragedia de Teruel, en mi trabajo, pude vivir un hecho que me dejó partido por la mitad. Un señor de avanzada edad, no aficionado a la Tauromaquia, me dijo en un momento determinado que tenía una pena muy grande. Yo le pregunté que qué le ocurría y él, con lágrimas en los ojos, me dijo que a pesar de no gustarle los toros había sentido una pena y un dolor muy grandes por la muerte de Víctor Barrio. “Lo he sentido como si fuera mi hijo”, dijo textualmente. En ese momento yo enmudecí de inmediato intentando contener las lágrimas que a duras penas luchaban por no salir de mis ojos. “Yo también, amigo. Yo también”, fue lo único que acerté a contestarle. Sobraban las palabras. Sobraban las causas y los porqués. Sobraba hasta el aire tenso que respirábamos en ese momento. “Todavía queda gente buena en el mundo”, me dije para mí mismo cuando este anciano salió por la puerta de mi consulta. Quiero quedarme con esa segunda lectura positiva ante la desgracia de Víctor Barrio.

La muerte de Víctor Barrio ha sido una lección no sólo para el mundo del Toreo, sino para la sociedad en general. El que lo haya querido ver lo habrá visto. El que no es que es ciego de alma y así seguirá durante toda su vida. Un hombre ha dejado sus sueños en la arena. Con ello ha engrandecido la profesión de torero y ha hecho ver a las claras cómo es nuestra sociedad actual. Cuentan los que le conocían bien que era un tipo extraordinario. Una buena persona de los pies a la cabeza. Quizá por ello Dios o lo que quiera que haya allá arriba no ha podido esperar...

martes, 12 de julio de 2016

Los héroes nunca mueren para siempre...

El primer recuerdo que tengo de mi infancia más precoz es la muerte de "Yiyo". Tenía cinco años. Aquella noche del 30 de agosto de 1985 las imágenes que el telediario estaba dando sobre la muerte de José se quedaron grabadas en mi mente para siempre. Como grabada se quedó también la imagen de mi padre llorando desconsoladamente sentado en una silla del comedor de casa viendo el fatal desenlace de un torero apenas incipiente. Y es que a "Yiyo" le queríamos mucho en casa. Como queríamos a Julio Robles, por el que también lloramos y mucho años después.
Recuerdo también especialmente la trágica muerte del banderillero Manolo Montoliú. Tenía once años y una afición desmedida. Aquella tarde del 1 de mayo de 1992 corrí raudo desde el colegio a casa porque había toros desde Sevilla. Me hice la merienda y me senté ante el televisor. Y aquel 1 de mayo pude contemplar aterrado la fatal cornada al gran torero de plata valenciano. Ese día mi afición se paró en seco.
No tardó mucho en volver cuando mi mente aún infantil logró comprender que los toreros podían morir en el ruedo. Que eran capaces de dar su vida sin importarles lo que les pudiera pasar. Que un toro les podía quitar la vida pero nunca la gloria. Y que el Toreo era lo más grande que existía sobre la faz de la Tierra. Desde entonces esa afición ya nunca más me abandonó.
Este sábado la muerte volvió a visitar a un torero en el ruedo. A un héroe de veintinueve años que tenía todo el futuro por delante. Esa es la grandeza del Toreo. Aquí todo es de verdad. Aquí se muere de verdad. Pero se nos olvida. O quizás no queremos pensar en ello porque esa realidad duele de una manera despiadada. Una realidad a la que esta sociedad aborregada le da la espalda. La muerte está siempre presente en nuestras vidas, y la Tauromaquia es la mejor forma de comprender este hecho tan palpable y desgarrador.
Cuenta el maestro José Ortega Cano que cuando entró el sábado al patio de cuadrillas de la plaza de toros de Teruel vio a todos los toreros juntos en un lado del mismo. Víctor Barrio no estaba con ellos. Estaba enfrente. Sólo. Miraba al ruedo, con la mirada perdida en el infinito y sin pestañear. Su gesto era de una seriedad y una concentración que helaba la sangre. José, tras saludar a su torero y a Curro Díaz, se dirigió con mucho respeto a Víctor. Con un gesto suave y apenas perceptible acarició el hombro derecho del torero y, percibiendo su ensimismamiento, le preguntó que dónde estaba su pensamiento. Víctor le respondió: "mi pensamiento está en que hoy es un día muy importante para mí maestro"...
Demasiado importante Víctor. Demasiado importante. Estabas a punto de cruzar la puerta grande más importante de todas. Estabas a punto de alcanzar la gloria eterna.
Ojalá que allá donde estés hayas podido ver que todo el Toreo ha llorado tu muerte. Que tus compañeros te han despedido rotos de dolor y con miles de lágrimas amargas en los ojos. Ojalá que allá donde estés puedas ver y sentir que ningún aficionado te olvidará jamás.
Los héroes nunca mueren para siempre, y tú, torero, siempre serás uno de ellos.
Hasta siempre Víctor.

jueves, 7 de julio de 2016

Y volver, volver, volver...

De un tiempo a esta parte venimos asistiendo a una especie de resurrección taurina propiciada por matadores de toros retirados a los que de repente les ha vuelto a picar el gusanillo del toreo. Siempre digo que las personas somos como las ovejas. Donde va una van todas. Pues bien, parece ser que ahora está de moda reaparecer vestido de luces sólo para torear una tarde.

De toda la vida de Dios hemos visto cómo muchos matadores de toros retirados de vez en cuando han vuelto a pisar la arena para torear algún que otro festival benéfico. Repito: festival. Ahora, en cambio, se ha dado un paso más allá y esas reapariciones fugaces se hacen enfundados ni más ni menos que en el sagrado chispeante. Casi siempre suelo estar en desacuerdo con las modas, y esta no va a ser menos.

Creo firmemente que el Toreo es algo mucho más serio de lo que muchos se lo están tomando. Y lo digo con el mayor de los respetos a esos matadores retirados que, como no, se van a jugar la vida únicamente una tarde tras varios años en casa disfrutando de sus éxitos pasados. Una cosa no quita la otra. Pero como digo, el Toreo es algo mucho más grande que eso. Considero que los toreros que van a hacer el paseíllo en cincuenta o sesenta ocasiones esta temporada en todo tipo de plazas merecen un respeto mayor por parte de sus ex compañeros de escalafón. Porque los que están diariamente al pié del cañón son los que merecen las atenciones de aficionados y medios de comunicación, y no el ex espada que lleva diez o doce años retirado de los ruedos. Además, muchos de ellos tienen la posibilidad de matar el gusanillo en el campo, porque casi todos están ricos y tienen medios suficientes para hacerlo.

Nunca he sido partidario de las reapariciones de los toreros. Es más, considero que cuando un matador se retira debería ser para siempre. Tanto si te has ido tú como si ha sido el público el que te ha echado -cosa que es mucho más hiriente y triste-, lo que has hecho en los ruedos hecho está. Y si se ha decidido la retirada debe ser con todas las consecuencias. Eso a todas luces es una lección de hombría y seriedad. El irte y volver otra vez una o más veces creo que resta seriedad a la carrera de un torero. En algunos casos esa situación eclipsa la gran trayectoria del matador -me estoy acordando ahora mismo de Ángel Teruel padre-, y en otros casos aniquila los buenos recuerdos de una gran trayectoria profesional, dejándote como se suele decir a la altura del betún -me estoy acordando de las últimas temporadas de Ortega Cano, donde el ridículo fue la nota predominante en sus actuaciones.

Creo que un torero debe saber cuándo se tiene que ir. Y cuando lo haga que sea para siempre. Y, como digo, debe tener la capacidad para darse cuenta cuándo es el momento justo de colgar el vestido de torear. Algunos desgraciadamente no han tenido esa capacidad y ha sido el público, la prensa o ambos a la vez los que le han acabado echando. Algo como digo muy triste.

Si estoy en contra de la reaparición por un día de un determinado torero es también porque su actuación suele ser más bien un simulacro de corrida. Generalmente en este tipo de espectáculo taurino-festivo el toro no existe o, si existe, se procura que sea lo más cómodo posible no vaya a estropear la fiesta. Por ahí no paso. Si se reaparece, aunque sólo sea para una tarde, ha de hacerse con todas las consecuencias. Con un toro serio e íntegro, con sus pitones inalterados, que ya nos conocemos. Todo lo que no sea eso es un espectáculo vacío y sin ninguna carga dramática y emocional, que es lo que debe primar en la Fiesta si la queremos conservar. Para reírnos y comer palomitas ya hay demasiados espectáculos hoy en día.

Por tanto, cuidado con esas reapariciones por un día vestido de luces. Cierto es que cada uno con su vida puede hacer lo que quiera, pero pienso que hay que respetar más tanto a los que están día a día batiéndose el cobre por las plazas como a la propia Fiesta en sí. Los festivales con leyendas del Toreo retiradas siempre han sido algo muy torero y respetable. El vestido de torear es otra cosa. Seamos serios y proyectemos esa seriedad a la propia Fiesta y a la sociedad. Sólo así conseguiremos que no nos tomen tan a pitorreo. Y es que hoy en día el horno no está para bollos...



jueves, 23 de junio de 2016

Stop justificaciones

Estoy cansado de leer estudios que hablan sobre lo buena que es la Fiesta de los Toros. Que si el valor ecológico del toro de lidia, que si la defensa que éste hace de la dehesa, que si las ricas propiedades de su carne, que si patatín, que si patatán... Siempre justificándonos.

Eso en cuanto al toro. Si echamos mano de los informes sobre los números de la Fiesta entonces ya nos perdemos. Varias decenas de estos se han publicado en los últimos tiempos. Curiosamente desde que la Fiesta está más atacada y cuestionada que nunca. Y todo por la terca idea de demostrarle al mundo que la Tauromaquia no es sólo lidiar y matar a un animal en una plaza de toros. O la de que un hombre pueda crear arte -las menos veces- , teniendo delante una supuesta fiera con dos pitones que te pueden mandar al otro barrio en lo que dura un segundo. Reitero: que si patatín, que si patatán...
Ya está bien de estar todo el puñetero día justificándonos. La Tauromaquia existe desde tiempo inmemorial. La lucha del toro con el hombre y de este con aquel es casi tan antigua como la misma humanidad. Dejemos de ponernos de rodillas ante los que cuestionan la moralidad de nuestra más preciada afición. Basta ya de pedir perdón. Basta ya de justificaciones. Nuestra Fiesta no entiende de números. Nuestra Fiesta entiende de emociones. De sensibilidades. Y el que no lo quiera ver que mire para otro lado.
Entiendo que la Tauromaquia sea algo difícil de comprender en nuestros días ante una sociedad aborregada que piensa que la sangre es tomate y que la muerte no existe. Entiendo que las nuevas generaciones se estén criando a base de mimitos paternales y videojuegos. Entiendo que los jóvenes adolezcan de personalidad y valores propios robados por el gigante de Internet y las redes sociales. Lo entiendo porque las sociedades evolucionan y, con ello las mentalidades. Pero una cosa es entenderlo y otra muy distinta compartirlo. Y por supuesto yo no comparto esta nueva cultura del no al sufrimiento y a la muerte. De ahí precisamente es de donde viene el rechazo visceral de la mayoría de las nuevas generaciones a la Tauromaquia.
Pero repito: al que no le guste que no vaya. Dejemos de intentar convencer a los que nunca vamos a convencer. Dejemos la túnica de santos que no somos y mostrémonos tal cual. ¿Que ser aficionado a los toros se considera pecado hoy en día? Pues que nos castigue el Altísimo, aunque bien es cierto que siempre han dicho que es taurino. Un día le preguntaron a Sebastián Castella que qué le diría él a un antitaurino para convencerle de que la Fiesta no era tan mala. Y su respuesta fue una de las más brillantes que he escuchado en ese sentido: “Yo a un antitaurino no le diría nada, porque ni yo lo voy a convencer a él ni él me va a convencer a mí”. Rotundo y muy inteligente. Loquillo, otro ilustre aficionado taurino, parafraseando su canción “Feo, fuerte y formal” habría dicho eso de “para qué discutir si puedes pelear”. Eso mejor para el fútbol. Es mejor mirar para otro lado, dejar de dar explicaciones vanas que caerán en saco roto y seguir a lo nuestro. Esto es muy grande y no siempre se encuentran las palabras exactas para poder explicarlo. Quizás porque la Fiesta no es cuestión de palabras, sino de sentimientos. De emociones a flor de piel. Loquillo en el fondo es un sentimental...

miércoles, 8 de junio de 2016

Me matas, Madrid...

No voy a hacer un balance de la recién terminada Feria de San Isidro. No quiero. No me apetece. Cada uno seguro que tiene ya su propia opinión sobre lo acontecido. Y como mi intención no es cambiártela, ahí te dejo con la tuya. Además, si aún no la tienes y eres de los que se basan en la de los demás, puedes echar mano a muchas opiniones que se han escrito estos días en los diferentes medios de comunicación. Quién sabe, a lo mejor así hasta quedas mejor delante de tus colegas...
Quiero hablar de lo difícil que es Madrid. De lo difícil que es esto. Y lo digo con los naturales de Manzanares ardiendo aún en mi mente. O con los de Paco Ureña. Y es que cada año que pasa veo todo lo que envuelve a Madrid con más cara de gilipollas.
Veo el toro. Ese mastodonte que si no es tal se le pita por sistema. Kilos, kilos y más kilos. Me cago en los kilos. ¿Desde cuándo los kilos han significado trapío? Pero ese es un tema del que sería muy difícil llegar a un acuerdo. A lo que voy. Burro grande, ande o no ande. Y nadie se da cuenta que un toro con 500 kilos se va a mover más y mejor que uno con 600. Pues nada. Erre que erre. Y eso no es lo peor. Lo peor es que en el tema del peso existe desde hace mucho tiempo en la plaza de Las Ventas un claro agravio comparativo entre ganaderías. Es una evidencia. Si lo que sale por toriles procede de Domecq o es una ganadería predilecta de las figuras del toreo, leña al mono. Si lo que salen son raspas de algún encaste minoritario a callar, no sea que no vuelvan más y contribuyamos a su extinción. A ver cuándo nos damos cuenta de que el peso excesivo va en contra de la Fiesta y que el toro, antes que nada, debe estar en tipo de su encaste y con sus hechuras perfectas. Todo lo que no sea eso, ruina.
Otro punto que también tiene su miga es la supuesta exigencia de un sector del público de Madrid. En mis propias carnes he vivido lo que se cuece en ese sector de la plaza y puedo decir que es algo totalmente insufrible. Gente que no tiene ni idea de conocimientos técnicos del toreo y que se pasa toda la faena recriminándole la colocación al torero. Pero ese es otro tema que sería muy farragoso de explicar y sinceramente paso de hacerlo. Lo que deberían hacer muchos de esos que no paran de meterse con los toreros es ponerse delante de una becerra al menos una vez en su vida para entender lo difícil, por no decir imposible, que es estar siempre cruzado con el animal. Y ya no sólo eso, sino lo difícil que es esto en general. Eso sí, si el toro se mueve y repite, a pesar de que el torero siga quedándose "fuera" para poder ligar, ya no pasa nada. ¿En qué quedamos entonces? Recomiendo a todos esos "Doctores" en Tauromaquia menos hablar y más torear.
Seguimos con dificultades. Podríamos hablar de otros condicionantes que hacen que triunfar en Madrid sea un milagro. La famosa cuesta, que aunque Morante haya sido el único en quejarse, se de buena tinta que a casi ningún torero del escalafón le hace gracia la puñetera cuesta. Lo que pasa es que no se atreven a decirlo. Puro miedo, ese que no tienen delante del toro. Yo no digo que se quite, por los problemas lógicos de drenado del agua, pero sí al menos que se suavice. Al artista hay que ofrecerle los mejores lienzos para que desarrolle su arte.
El viento de Las Ventas, ese ruedo tan grande, los terrenos, la presión añadida de los que se juegan la vida porque saben que están en un sitio clave...  Mil dificultades que siempre han existido y que hacen de Madrid la plaza más difícil del mundo. Eso sí, como cortes dos peludas, ya se sabe: de Madrid al cielo. Y con razón.
Pero es que Madrid es difícil hasta cuando se triunfa. Lo vemos todas las temporadas. ¿Qué ha pasado este año con Roca Rey? Corta dos orejas el día de su confirmación de alternativa y es Dios. Vuelve a torear a los dos días y a por él sin piedad. A no pasarle ni una. ¿Qué ha pasado con Fandiño? ¿Y con López Simón? ¿Ya no es tan bueno como el año pasado? Y así con muchos toreros. No generalizo porque todo el público de Las Ventas no es así. Es el sector de siempre que se cree en el derecho de encumbrar y luego arruinar a toreros a su gusto y capricho. Cuando les da la gana claro. Eso sí, se encumbra al que está tieso y no tiene nada. En cuanto ese se pone en dinero y entra en los buenos carteles con ganaderías y figuras non gratas para ellos, a por él no sea que se haga rico y se compre una finca. Y si ya es figura ni te cuento. Da igual lo que haya hecho antes en esa misma plaza. A la caza de brujas. Sin piedad. Veremos lo que pasa con el torero más idolatrado ahora mismo por ese sector. Veremos qué pasa si Paco Ureña sigue así y se pone en figura. Veremos qué pasa si algún día Rafaelillo se anuncia con la de Núñez del Cuvillo o Garcigrande. Al tiempo.
Yo por mi parte voy a seguir pensando en las cosas coherentes y buenas que han pasado este San Isidro que nos acaba de dejar. Voy a seguir pensando en la faena de Manzanares, en la verdad de Paco Ureña, en los cojones de Talavante, en el arrojo de Rafaelillo, en Malagueño, Dalia y Camarín. Voy a seguir soñando con el toreo. Con los toreros buenos. Con los toros bravos. Y a ver si en uno de esos sueños me equivoco y sueño que la faena sublime de Morante en Aranjuez hace unos días ha sido en Madrid. Quién sabe, en los sueños no hay nada imposible. Y es que los sueños sueños son, y, si son placenteros, mucho mejor...

miércoles, 25 de mayo de 2016

Querer ser...

Desde hace algún tiempo vengo observando algo raro en Diego Urdiales. Lo percibí por primera vez la pasada temporada cuando mató en San Isidro la corrida de Victoriano del Río. Volví a observarlo en su comparecencia en la plaza de toros de Albacete allá por septiembre del año pasado. Y lo que definitivamente ha hecho volar mi imaginación ha sido las malas actuaciones que ha tenido últimamente y, en particular, sus comparecencias recientes en esta feria de San Isidro de Madrid. Y es que el público se ha enfadado mucho con él...

Vaya por delante que soy un admirador de Diego Urdiales. De su trayectoria y su toreo eminentemente delicado y artista. Faenas como las recientes de Bilbao, Logroño o Méjico están al alcance de muy pocos elegidos. Cierto es también que siempre le he visto como un torero un tanto irregular, de ahí que haya tardado tanto tiempo en ponerse ahí arriba. Hasta alguna vez he dudado sobre su valor, ya que ha habido tardes que parecía que este brillaba por su ausencia. Aun así le he seguido siempre porque siempre -valga la redundancia-, me ha parecido un torero exquisito. El tren le pasó en las temporadas de 2012 y 2013 con Santiago López y no se supo o no se pudo subir. Cosas que pasan en esto del toreo.
El caso es que como digo, después de su última actuación en Guadalajara (Méjico), empecé a pensar mal. Urdiales está catalogado como un torero artista. Salvando las distancias, se encuentra en la cuerda de los Curro Romero -por el que siente auténtica veneración-, Rafael de Paula o Morante de la Puebla. Matadores que han sido o son famosos por su arte sublime delante del toro pero también por sus espantás. Gracias a esa bipolaridad en sus respectivas tauromaquias, han sido toreros que han llamado mucho la atención. ¿Por qué? Pues muy sencillo: la gente normal se identifica más con el débil que con el que siempre tiene éxito. Es más, a este se le envidia y no se le reconoce lo que hace. Esos toreros que te tienen en vilo porque no sabes si van a reventar el toreo o van a salir a almohadillazos son los que llenan las plazas. Y es que al común de los mortales le va la marcha. El morbo es la droga preferida del español de a pié.
Urdiales ha tomado nota de esa estrategia porque cree que dando una de cal y otra de arena puede torear más. Está convencido de que puede generar en el espectador esa incertidumbre típica que se tiene hacia el torero artista. Y está convencido también de que cuando lo consiga, pasará a formar parte de ese reducido grupo de mitos vivientes. Un grupo que siempre se ha cotizado al alza y al que no le han faltado contratos económicamente muy sustanciosos. Si a eso añadimos que le apodera la FIT, misma empresa que apodera a Morante, las piezas encajan perfectamente.
Sé que puede resultar extraño lo que acabo de decir. Inverosimil para muchos. Pero es que yo he visto a Diego Urdiales estar muy bien con toros muy complicados y peligrosos. Le he visto muchas veces con más valor del que aparenta ahora. Le he visto estar hecho un tío con corridones muy duros de ganaderías catalogadas de “toristas”. Por ello no me cuadra mucho que desde la temporada pasada le haya visto en más de una ocasión más medroso que nunca. Quizás es su instinto de conservación que con el paso de los años ha crecido. Quizás quiera parecerse a todos esos toreros idolatrados por la masa que he citado anteriormente. No lo sé. El caso es que desde que se han comenzado a cantar las faenas de Urdiales como la quintaesencia del toreo -que algunas de esas faenas lo han sido sin ninguna duda-, su actitud en ciertas tardes donde no ha salido el toro a modo ha cambiado para mal. Hace poco declaraba que esta temporada de 2016, gracias a su nuevo apoderamiento, iba a matar más ganaderías de garantías, de esas que le iban a permitir hacer el toreo que él realmente siente. Mal Diego. Tu siempre has sido un torero que has matado de todo, muchas más duras que cómodas. Imagino que este año le empacharán a matar zalduendos. Pero ojo, eso es un arma de doble filo: si estás mal con una de Adolfo te lo pueden perdonar. Si estás mal con una de Zalduendo no. Todavía no has creado el mito para que el público te lo perdone todo y esté deseando volver a verte. Todavía no eres un “elegido”. Y es que eso es un privilegio que muy pocos han logrado..
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